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Redes Sociales, una herramienta difícil de gestionar para los políticos

tonicanto--644x362La irrupción de políticos en las redes sociales sobrevino como un torrente en España a partir de las elecciones autonómicas de 2011, tras el punto de partida que marcó Barack Obama en la campaña de Estados Unidos. En la actualidad, Internet se ha convertido en campo de batalla de la discusión política y en muchas ocasiones se convierte en un arma de doble filo, y no siempre los mensajes surten el efecto esperado.

Pablo Martín Antoraz, experto en el desarrollo de estrategias de marketing y comunicación basadas en comunidades virtuales, sostiene que «la influencia que tiene un mensaje en Twitter es mucho mayor que una proposición registrada en un Parlamento o una moción en un pleno. Otra cosa -matiza- es la credibilidad».

Mario Tascón, por su parte, recuerda que «el mundo se mueve por grandes discursos que necesitan de consignas». En muchos casos, las ruedas de prensa han pasado a mejor vida y han sido sustituidas por los tuits. Antoraz emplea una metáfora pugilística para explicarlo: «El partido que gobierna es como el campeón que no quiere poner en riesgo su título. Desde la oposición, en la piel del aspirante, se intenta hacer ruido y movilizar a la ciudadanía porque en los plenos no se pueden generar corrientes de opinión masivas».

Esta tesis explicaría la hiperactividad de grupos como Compromís en las redes sociales dado que, según Tascón, «hoy en día se pueda convocar una manifestación y tener éxito de convocatoria en apenas una hora». Dirigentes de la coalición como Mònica Oltra acumulan cerca de 52.000 seguidores en Twitter, una cifra que equivale a un tercio de los votos que cosechó esta fuerza en las elecciones municipales en la ciudad de Valencia y que queda lejos de otras cuentas de perfil más «institucional», como la del presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, seguida por cerca de 11.000 personas.

El caso de la «escopeta» de Compromís marcó una sesión de control a Fabra. El presidente de la Generalitat se negó a responder a la coalición porque no desautorizó el mensaje de su dirigente en Facebook. Una prueba de hasta qué punto convergen la actividad política real y la «virtual», al igual que sucedió con el secretario general del PSPV, Ximo Puig. A pesar de tener acta de diputado en el Congreso, Puig se ausentó de una de las sesiones del último debate sobre el Estado de la Nación para replicar a través de Twitter a Fabra, que en ese momentos comparecía ante las Cortes Valencianas a 365 kilómetros de distancia.

Otro ejemplo evidente es el del diputado de UPyD Toni Cantó, un «clásico» en la clasificación de los temas más comentados en Twitter. recientemente ha protagonizado dos nuevas controversias al denunciar que se siente acosado por Izquierda Unida a través de las redes y por comparar la inmersión lingüística en Cataluña con la pederastia.

Con anterioridad, dos vídeos difundidos en su cuenta de Twitter en los que ridiculizaba a los nacionalistas catalanes y en el que un misil derribaba las instalaciones de Radio Televisión Valenciana (RTVV) le pusieron en el punto de mira.

Para Tascón, el empleo de canales digitales para difundir mensajes «no es un formato malo en sí mismo. El problema es no darle buen uso». Al respecto, recuerda la máxima que le trasladó un periodista de la BBC: «Primero debes pensar en si aquello que deseas transmitir lo dirías en la radio. Si es así, entonces lo puedes escribir en Twitter».

Sin embargo, todos los expertos citados en un amplio reportaje sobre el tema por ABC, coinciden en la «falta de profesionalización» del uso de las redes sociales por parte de los políticos. Alejandro Comes es propietario de una consultoría que tiene entre sus clientes a varios alcaldes y diputados de la provincia de Valencia, y explica que «la mayoría tiene una edad avanzada y el uso de las nuevas tecnologías se les escapa de las manos». «No les queda claro el público al que deben lanzar sus mensajes y -subraya- casi todos cuentan con equipos que les gestionan las redes y que no suelen destacar por su buen uso». Es el caso de los asesores, que también han protagonizado sonoras polémicas en la red.

Para Tascón, que recomienda el manual de la BBC para el uso de redes sociales, resulta evidente que «falta educación. Los políticos han accedido a las redes sociales en plan casero».

Esteban González Pons, que ha bautizado a sus seguidores (44.500) como «barrio Twitter», es un ejemplo palmario. El vicesecretario de Estudios y Programas del Partido Popular ha vivido en sus propias carnes los efectos perversos de las redes sociales. Tras denunciar el acoso a su domicilio, recibió en su cuenta de Twitter numerosas críticas, a las que replicó con un contundente: «Por cierto, a todos esos q además de alentar q coaccionen a mi familia quieren q me vaya asqueado de Tuiter, una mala noticia: YO ME QUEDO». En una controversia similar, la «número dos» del PSOE, Elena Valenciano, optó por dejar las redes sociales. Algo que no acaba de entender Tascón: «En Twitter -explica- te expones a las críticas o a que te discutan tus planteamientos».

Martín Antoraz remarca que «los políticos hacen un uso interesado y puntual de las redes sociales, especialmente en las campañas electorales, en lugar de dar todos los días señales de vida». Tascón tercia al respecto y recuerda que «muchas cuentas de políticos se quedan vacías de contenido cuando han pasado las elecciones». Para este experto, Obama marcó el camino. «Las redes sociales son un canal de comunicación de primera magnitud que los políticos no deberían despreciar siempre que hagan buen uso de ellas».

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