Trump nombra a su "brujo digital" jefe de la campaña para su reelección

Donald Trump ha nombrado a Brad Parscale como máximo responsable de su próxima campaña para la reelección, en una decisión alejada de las estrategias habituales en la que este tipo de cargos están ocupados por miembros del partido o expertos en recaudación.

De esta manera, el presidente de EEUU ha apostado por este especialista en redes socales que ya hizo de Facebook, la geolocalización y la selección de audiencias uno de los motores de su triunfo en 2016.

Parscale fue la revelación digital de las elecciones de 2016, ya que antes de aquella campaña, este economista de barba larga y acento texano no había ejercido jamás en el ámbito de la política y se había limitado al diseño y desarrollo de las páginas web de las compañías de Trump.

Cuando el multimillonario empezó a tantear sus posibilidades electorales, Parscale, avalado por el yerno del presidente Jared Kushner, se incorporó al equipo de campaña familiar creando la página web de la candidatura... y a partir de ahí no dejó de incrementar su influencia.

Mientras Trump cesaba cada poco a sus jefes de campaña y quemaba a sus colaboradores más cercanos, éste economista consiguió hacerse con la dirección digital y ampliar su perímetro de acción

Quienes le tratan afriman que es un tipo tranquilo y completamente volcado a una estrategia en la que Trump, forjado en la escuela del mitin y la televisión, no creía al principio.

El principal objetivo de Parscale en la campaña fue, según él mismo explicó en una entrevista en CBS, maximizar los escasos recursos electorales retomando ideas ya empleadas en el mundo comercial, y dejando aparte las costosas campañas televisivas utilizando Facebook para hacer diana en grupos específicos de población.

Uno de los grandes golpes de Parscale fue advertir en el tramo final de campaña que estados como Virginia u Ohio ya no iban a cambiar su voto, y redirigir los recursos hacia Michigan y Wisconsin, donde las posibilidades de victoria eran mayores. Esta decisión no sólo implicó un aumento de la propaganda electoral en dichos territorios, sino que llevó al propio Trump a combatir ahí en persona.

El resultado fue que el republicano, pese a obtener en el cómputo nacional 2,8 millones de votos menos que Clinton, ganó las elecciones por los 77.000 votos de diferencia cosechados en Michigan, Wisconsin y Pensilvania. Este éxito le convirtió en la lumbrera electoral del momento y validó su ascenso como jefe de campaña para 2020.

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