Los medios egipcios acosados y controlados por los servicios de inteligencia del país

Al cierre en Egipto de las tribunas de la oposición, la confiscación de publicaciones y el arresto de los periodistas incómodos, se suman las recientes compras de canales de televisión y periódicos por parte de magnates afines al régimen y los servicios de inteligencia.

Según Gamal Eid, director de la Red Árabe para la Información de Derechos Humanos, este verano ha sido una época especialmente dramática en este sentido, ya que a finales de agosto Al Hayat, una televisión nacida en 2008 de a mano de Sayed el Badawi, actual presidente del partido Al Wafd y partidario del presidente egipcio Abdelfatah al Sisi, cambió de dueño en una transacción totalmente opaca. Según la prensa local, el nuevo propietario es Falcon, una empresa de seguridad privada dirigida por un oficial retirado de la inteligencia militar.

Por otro lado, en el último año Ahmed Abu Hashima, un multimillonario próximo a los servicios de inteligencia del país, ha adquirido ONTV, Al Nahar y CBC, tres de las principales televisiones privadas del país, además de los rotativos Al Yum al Sabaa, Sut al Umma, Ain y Dot Masr.

Cuenta el diario El Mundo que desde entonces las intimidaciones, las amenazas y los despidos reinan en sus redacciones. "Estos nuevos empresarios interesados en comprar medios son una fachada de las agencias de seguridad con el propósito último de hacer desaparecer las opiniones de la disidencia y evitar que se publiquen informaciones sin el consentimiento previo de la inteligencia", admite Eid, uno de los contados activistas que resisten.

Hace algunos días, la última víctima de esta caza de brujas emprendida por el régimen egipcio fue Al Bawaba, una publicación dirigida por un diputado vinculado a los servicios secretos. El número fue confiscado por un reportaje que denunciaba la huida del ministro del Interior en tiempos de Hosni Mubarak, Habib al Adli, a pesar de hallarse bajo arresto domiciliario. Poco después, el editor tuvo que disculparse públicamente y proclamar su lealtad a Al Sisi, que encara los últimos nueve meses de su primer mandato presidencial.

En agosto, además, se esfumó el rastro de Abdalá Rashad, un reportero de Al Bawaba. Fuentes de seguridad reconocieron a la cabecera la detención del periodista.

La nacionalización emprendida por las autoridades también ha afectado a cuatro publicaciones independientes, los diarios Daily News Egypt y Borsa y los portales web Masr al Arabiya y Cairo Portal. Las empresas, hasta ahora privadas, han sido expropiadas y transferidas al rotativo estatal Ajbar al Yum sin una investigación judicial previa por supuestos vínculos con los Hermanos Musulmanes.

Según la clasificación anual de Reporteros Sin Fronteras, la situación en Egipto supera a la que padece el gremio en Turquía o Venezuela, y ocupa el puesto 161 de 180 países.

Desde mayo El Cairo ha bloqueado el acceso a 431 páginas webs, entre ellas, una extensa lista de medios locales e internacionales sin proporcionar explicaciones públicas.

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